Los reclamos de vecinos de diferentes barrios de La Plata que, desde hace meses, sufren las alternativas de un alumbrado público que no funciona o lo hace muy precariamente, se tradujeron ahora en un informe presentado recientemente Concejo Deliberante, según el cual casi 3.500 puntos lumínicos del casco urbano y de la zona norte de la periferia se encuentran fuera de servicio. Por cierto que, para los pobladores que deben transitar esos sectores en horas nocturnas, ello se traduce en una creciente sensación de inseguridad y de allí que se vuelvan perentorias las acciones que correspondan, por parte de los responsables del mantenimiento del suministro.
Si bien, en este sentido, desde la Municipalidad se aseguró que se está trabajando en forma intensa en la reposición de estas lámparas y faros que han defeccionado, no deja de resultar llamativa la gran cantidad de luminarias que no prestan servicio en el distrito.
Correspondería también consignar que, en el pedido de informes elaborado y presentado por dos concejales, se marcan las calles donde dejó de encenderse el alumbrado, mencionándose asimismo que el contrato con la firma que cumplía con ese servicio venció en enero pasado, requiriéndose a partir de allí precisiones acerca de quién tiene a cargo el mantenimiento del sistema actualmente, bajo qué modalidad de convenio, los antecedentes de la prestadora y cuál es el servicio que ofrece.
Está claro que la calidad del alumbrado público en nuestro distrito deja que desear desde hace mucho tiempo y que el detalle de los barrios y zonas afectadas en la actualidad podría ser representativo –con las variantes del caso- de lo que viene ocurriendo en años anteriores.
Resulta ciertamente paradójico que esa situación, casi endémica desde hace algunas décadas ocurra en una ciudad que, como La Plata, fue la primera en toda Sudamérica en contar con el servicio de alumbrado público, habilitado en 1886. Esa situación se encuentra reflejada, incluso, en la crónica de asombrados periodistas europeos que vinieron para describir a la naciente ciudad. Allí se precisa, también, que dos años después del alumbrado público, es decir en 1888, quedó habilitado el tendido de redes particulares que abastecieron de electricidad a los domicilios.
Cabría señalar que funcionarios de la actual administración, luego de asegurar que hay 14 cuadrillas asignadas a la tarea de reparar el alumbrado, aseguraron que se encontraron con una dirección de Luminaria en estado de total abandono, sin que existiera siquiera un centro de reclamos que atendiera las demandas de los vecinos, por lo cual se desconocía la cantidad de alumbrado que se encontraba fuera de servicio.
Sea como sea, lo que corresponde ahora es que en el menor plazo posible se normalice el servicio del alumbrado público en el distrito.
Se conoce, sin embargo, que los apagones y las llamadas bocas de lobo persistentes afectan a muchos puntos neurálgicos de la Ciudad y la periferia. Es imperioso, por consiguiente, que se le asigne a este problema la importancia que verdaderamente tiene y que se cumplan con las obligaciones mínimas que exige el debido mantenimiento del servicio. Tal como su historia lo indica, su presente lo exige y su futuro lo aguarda, La Plata no merece contar con un servicio eléctrico decadente.
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